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La economía cubana en el 2003: "Nuestras esperanzas se fundan en sólidas razones"

La economía cubana en el 2003: "Nuestras esperanzas se fundan en sólidas razones" Osvaldo Martínez
2003-12-23


Intervención del diputado Osvaldo Martínez, Presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Nacional, sobre los temas del Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado. La Habana, 23 de diciembre del 2003.

Compañero Comandante en Jefe Fidel Castro, Presidente del Consejo de Estado y de Ministros;
Compañero Ricardo Alarcón, Presidente de la Asamblea Nacional;
Compañeras y compañeros Diputados:
Al intervenir ante la Asamblea Nacional en diciembre del pasado año 2002, expresamos que en él se había registrado un pequeño crecimiento y un alto desarrollo.
El pequeño crecimiento se explicaba por la excepcional adversidad del entorno económico internacional, por las secuelas de tres huracanes y por el vicio de origen del Producto Interno Bruto, indicador creado en economías de mercado capitalistas para medir crecimientos en tanto transacciones mercantiles, pero incapaz de reflejar acciones animadas por la solidaridad, la justicia social, el mejoramiento humano y el acceso a la cultura. El alto desarrollo se explicaba por el despliegue de una verdadera Revolución Social dentro de la Revolución, expresada en numerosos programas sociales.
En este año 2003 algunos factores externos resultaron menos desfavorables y de inmediato la economía demostró que sus signos vitales continúan fuertes y elevó su crecimiento incluso en la inexacta expresión del Producto Interno Bruto tradicional, y creció en mayor grado, según el recálculo de este indicador elaborado por el Ministerio de Economía y Planificación, que se encamina a disminuir la subvaloración de nuestros servicios sociales. Pero, antes de abordar lo ocurrido en el año 2003, es conveniente recordar que han transcurrido diez años desde que en diciembre de 1993 finalizó el que fuera el año más difícil e incluso angustioso en términos económicos durante el período especial.
Recibimos en ese año el embate concentrado de los peores efectos de la desaparición de la URSS y del CAME, del bloqueo estadounidense intensificado, del dominio de la economía mundial por una política neoliberal entonces pujante y de nuestra inexperiencia para operar en ella dentro de sus reglas de lucro desmedido, desigualdades enormes, especulación desenfrenada y competencia salvaje condensada en la expresión “sálvese quien pueda”.
Fue aquel año en el que mayores esperanzas acarició el enemigo imperialista en cuanto a que la economía que llamaban “subsidiada”, de un país por ellos calificado como “satélite”, se derrumbaría inexorablemente.
Para el pensamiento político y económico tradicional era imposible que un pequeño país subdesarrollado, que había perdido de la noche a la mañana el 85 por ciento de su comercio exterior, el abastecimiento de petróleo, y que en 1993 mostraba un descenso acentuado en su producción, un déficit fiscal de una magnitud inconcebible para la sabiduría convencional del Fondo Monetario Internacional, una grave acumulación de liquidez en manos de la población sin contrapartida en bienes y servicios, así como apagones extensos y diarios, fuera capaz de sobrevivir.
Sus esperanzas parecían fundarse en sólidas razones. Nunca antes en la historia económica a un pequeño país le había sido aplicado, por la potencia más poderosa que haya existido, un bloqueo económico tan férreo, minucioso y destructivo durante tanto tiempo. Nunca antes en la historia económica un pequeño país pobre había sido obligado a hacer, en poco más de tres décadas, dos gigantescas y costosas transformaciones de su base tecnológica y del tejido de sus relaciones económicas externas. La primera de ellas, al romper los vínculos de explotación e intercambio desigual que la ataban a la economía de Estados Unidos. La segunda, al desaparecer abruptamente las relaciones económicas con la URSS y los restantes miembros del CAME.
No faltaron entonces los consejeros que combinaron la sabiduría aparente con el triunfalismo exaltado del capitalismo ante la derrota del socialismo real, y nos dijeron que el camino era uno solo y evidente: el ajuste económico neoliberal, que se podría sintetizar en abrir la economía para privatizarla y venderla.
Ese camino que Cuba rechazó fue el que por entonces toda América Latina transitó. En 1993 estaba de moda en el pensamiento neoliberal en América Latina decir que la década de los años 80 con su dolorosa crisis de la deuda externa, había sido la “década perdida”, en tanto desagradable pero imprescindible período de corrección de políticas económicas equivocadas, pero que en cambio la década de los años 90 era la “década de la esperanza”, aquella en que se recogerían los buenos resultados y la riqueza se derramaría hacia todos los latinoamericanos.
Diez años después el contraste entre Cuba y aquellos países que adoptaron la política neoliberal diseñada para ellos desde Washington y para Washington con el nombre de “Consenso de Washington”, es grande y aleccionador.
El fracaso del neoliberalismo, que es como decir la política funcional a los intereses de dominio del capitalismo transnacional globalizado, es hoy inocultable, evidente, estrepitosa.
Los ayer fervientes y orgullosos neoliberales sostienen en muchos casos sus creencias, pero no aceptan ahora ser llamados neoliberales, porque la repulsa popular y los fracasos prácticos han devaluado el calificativo.
En el cauteloso lenguaje de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas, se admite que a partir de 1980 en el desempeño económico y social de la región, hay que descontar la “década perdida” de los años 80, pero en los 90, después de algunos años de dudoso crecimiento, a partir de 1998 y hasta el actual 2003, comienza un “sexenio perdido”, por lo que en términos de aritmética elemental resulta que, en 23 años de ciclo neoliberal en América Latina, se han perdido 16, lo que equivale a sacrificar en el antidesarrollo, la pobreza y la desesperanza a varias generaciones de latinoamericanos.
Lo ocurrido en el año 2003 en esta región es más de lo mismo.
El crecimiento económico que los neoliberales aseguraron sería impetuoso al liberar el mercado de las ataduras estatales, fue un anémico 1,5 por ciento, tratándose de economías en las que el PIB refleja la realidad económica con más precisión por su carácter absolutamente mercantil.
En los últimos seis años el crecimiento promedio ha sido de 1,3 por ciento, y el PIB por habitante es este año 1,5 por ciento inferior al de 1997.
El desempleo, que era muy elevado el pasado año, aumentó más aún hasta alcanzar 10,7 por ciento, lo cual se expresó, entre otras cosas, en que 700 mil personas se sumaron al ejército de desempleados urbanos, el cual asciende a más de 17 millones. Estas cifras, que dan cuenta de una tragedia laboral que desperdicia y rechaza al recurso productivo más valioso, esto es, la capacidad humana para trabajar, son pálido reflejo de una realidad aún peor, pues la estadística de desempleo es sólo urbana y en muchos casos no abarca más que las ciudades principales.
El empleo disponible es sólo para trabajo informal en 7 de cada 10 nuevos empleos, y en tales condiciones de desempleo y precariedad laboral no es extraño que los salarios reales descendieran 4,7 por ciento.
Según la CEPAL, 227 millones de latinoamericanos, que representan el 44 por ciento de la población, son pobres, y de ellos 92 millones son indigentes.
En este año 2003 hay 20 millones de latinoamericanos pobres más que en 1997.
La industria más eficiente instalada por el neoliberalismo en la región ha sido la fabricación de pobres, indigentes y desempleados.
Según el Banco Mundial en reciente estudio sobre la desigualdad en América Latina y el Caribe, la brecha de ingreso entre el diez por ciento más rico y el diez por ciento más pobre de la población, es de 30 veces, la mayor del mundo. Esto significa que el diez por ciento más rico se apropia del 48 por ciento del ingreso total mientras que el diez por ciento más pobre apenas recibe 1,6 por ciento.
En siete países la proporción de pobres supera el 50 por ciento de la población. La numerosa población indígena recibe entre 35 por ciento y 65 por ciento menos que la población blanca por trabajos iguales. Las mujeres y hombres negros reciben alrededor del 45 por ciento del salario de sus compatriotas blancos.
Si los efectos sociales son desastrosos, el comportamiento de la economía no lo es menos. El ingreso de inversión extranjera directa, que fue en algunos años el punto fuerte de los neoliberales, se ha desplomado por la situación adversa de la economía mundial y el agotamiento en varios países de las privatizaciones alegres de años anteriores debido al repudio popular ante el encarecimiento y peor calidad en servicios públicos que fueron privatizados.
La deuda externa, viejo problema nunca resuelto, sigue siendo un factor de saqueo financiero y de bloqueo al desarrollo en una región donde varios países acumulan una deuda que es superior al 50 por ciento del PIB y mantiene a los países en constantes renegociaciones bajo la presión injerencista del Fondo Monetario Internacional.
En América Latina la acumulación de pobreza, injusticia social e inequidad está dejando de ser un dato pasivo y se transforma en protesta social, movilización y acciones. Regímenes neoliberales fueron derribados por movimientos de masas en Argentina y Bolivia. Otros se tambalean entre el desprestigio y la inutilidad. Movimientos de masas iniciaron en Venezuela una revolución social profunda que combate el neoliberalismo, y en Brasil llevaron al gobierno a un líder en quien depositan sus esperanzas para resolver los problemas sociales que en aquel país el neoliberalismo agravó.
La lucha contra el ALCA se ha intensificado y ha obligado al gobierno de Estados Unidos a cambiar el diseño original de este plan anexionista para intentar alcanzar sus objetivos mediante Acuerdos Bilaterales de Libre Comercio.
En América Latina el gobierno de Estados Unidos comienza a recoger tempestades de movimientos sociales de protesta, después de haber sembrado vientos de falsas promesas, de explotación y dominación.
La realidad cubana es bien diferente a ese convulso mundo capitalista neoliberal que rechazamos.
En los diez años transcurridos desde diciembre de 1993, la Revolución Cubana no sólo sobrevivió, haciendo imposible hablar de “economía subsidiada” y de “satélite”. Ahora la única expresión exacta es la de un pueblo hostigado, bloqueado, acosado que, en ejercicio de la independencia que conquistó en enero de 1959, lucha en todos los terrenos, incluyendo la economía, para no dejarse humillar y por su derecho a construir su mundo mejor, su socialismo.
Mucho más que sobrevivir, el país ha sido capaz de alcanzar transformaciones y logros en términos de desarrollo que no pueden ser silenciados.
Entre 1994 y 2003, el crecimiento de la economía de Cuba, aun medido por el inexacto PIB, supera en proporción de 4 a 1 el crecimiento promedio de América Latina.
En los diez años mencionados, Cuba bajo el bloqueo económico ha sido capaz no sólo de hacer crecer la economía, sino de transformarla en su estructura histórica de vieja data, en sus niveles de eficiencia, aunque estos sean aún insuficientes, y de colocarse en el umbral de una economía del conocimiento que sea capaz de apoyarse en producciones intelectuales creadas por su riqueza más estratégica: el capital humano formado en cuatro décadas.
De una economía estructurada tradicionalmente alrededor de la producción y exportación de azúcar y algunos otros productos básicos, hemos pasado en estos diez años a una estructura más moderna y menos vulnerable de economía de servicios en la que, sin desdeñar el aprovechamiento de los tradicionales productos básicos, hemos incorporado al turismo como eje del desarrollo con su capacidad para inducir el crecimiento de numerosas actividades que se benefician de su demanda, y estamos comenzando a recibir los resultados económicos y sociales de realizaciones de avanzada científico-técnica, como la biotecnología, la producción de medicamentos y equipos médicos, y más recientemente el uso extendido de la informática, con particular énfasis en el sistema de educación.
Si en 1993 el país daba sus primeros pasos en el turismo, recibiendo aquel año a 546 mil visitantes, en el año actual recibiremos a no menos de un millón 900 mil con una industria turística que, aunque puede y debe reducir sus costos e integrarse más a la economía interna, cuenta con más de 41.600 habitaciones y recibe de fuentes nacionales el 69 por ciento de lo que consume.
La biotecnología cubana, orgullo científico del país, propiedad del pueblo e hija de la visión y la tenacidad del Comandante en Jefe, demuestra en menos de dos décadas el acierto de haber comenzado cuando muchos creían imposible que en este pequeño país pudieran desarrollarse centros de excelencia científica como los que hoy tenemos.
En la difusión de las tecnologías de información funcionan más de 45 mil computadoras en escuelas primarias y secundarias, y la Universidad de Ciencias Informáticas cuenta ya con 4.000 estudiantes, en un régimen de estudio intensivo y dotado de las condiciones adecuadas.
En estos años se ha transformado el sistema bancario en términos de modernización y adaptación a las funciones de estímulo y regulación de la economía nacional. La creación del peso convertible fue importante, pero su relevancia se hizo más evidente en la implantación durante este año del control de cambios que tiende a frenar los excesos de la dolarización como los cobros a elevados e injustificados precios y contribuye a evitar gastos superfluos en divisas. Con el control de cambios se hace posible también ordenar los pagos externos según las prioridades del país.
El Banco Central ha llevado a cabo un trabajo sostenido e inteligente respecto a las obligaciones a corto plazo, que presionaban la balanza de pagos, y ha logrado reprogramaciones que mejoran nuestra holgura financiera y son expresión de confianza en la solidez de nuestra economía.
Nuestra estructura económica y el modo de funcionamiento de ella cambiaron. No lo hizo la base de propiedad social sobre la que se asienta la parte ampliamente decisiva de la economía.
Ni privatización masiva, ni apertura indiscriminada, ni mercado desregulado, fortaleciendo a los fuertes y debilitando a los débiles.
En estos diez años de duro batallar, y en especial a partir del combate victorioso por el regreso de Elián y la Batalla de Ideas planteada, la transformación social ha sido profunda y de tanta amplitud, que sería imposible e incluso innecesario pretender una enumeración siquiera de todos los programas y las acciones sociales en curso, que establecen las bases esenciales para un desarrollo humano integral.
La economía nacional tiene quizás como mayor virtud la de haber apoyado la realización de esta Revolución dentro de la Revolución, que trasciende el estrecho límite de las transacciones mercantiles y desborda cualquier concepción sobre el desarrollo existente en este mundo globalizado, neoliberal, en profunda crisis de valores humanos donde 842 millones de personas padecen hambre y la cifra tiende a incrementarse en cinco millones cada año, y donde el Banco Mundial revela que la corrupción involucra cada año una cifra que oscila entre 1,5 y 3 millones de millones de dólares.
Las modestas cifras empleadas por Cuba en sus programas sociales con ejemplar efectividad están a distancia sideral de las astronómicas sumas que mueven la corrupción, el narcotráfico, la especulación financiera, la producción y venta de armas de destrucción masiva y de todo tipo, o la publicidad comercial.
No poseemos armas de destrucción masiva, pero frente a la desbocada agresividad del imperio y su política hegemónica, la Revolución Cubana tiene un arma moral letal: el ejemplo de un país que ha sido capaz de resistir y de hacer mucho con muy poco.
Es este el país donde todos los niños asisten gratuitamente a la escuela y se gradúan de sexto grado, donde todos ingresan al séptimo grado, y donde el 99,5 por ciento de los adolescentes se gradúa de noveno grado.
Es este el país donde contamos con el mayor número de maestros por habitante y menor número de alumnos por aula.
Es este el país donde todos los niños comienzan a estudiar computación desde el preescolar.
Es este el país donde el desempleo registra un excepcional nivel inferior a 3 por ciento, que equivale técnicamente a pleno empleo, y donde el estudio constituye una humana forma de empleo que beneficia a 107 302 estudiantes de los Cursos de Superación Integral para jóvenes, de los cuales ya 30 mil cursan estudios superiores.
Es este el país donde la universalización de la enseñanza superior se extiende a todos los municipios y ofrece oportunidades de estudios superiores a cualquier joven en cualquier lugar donde resida.
Es en Cuba donde más de 15 mil trabajadores sociales desarrollan su trabajo solidario de atención a personas de la tercera edad que viven solos o tienen bajos ingresos, niños con carencias nutricionales, jóvenes no vinculados al estudio o el trabajo, y donde se ha concluido un estudio único en su tipo acerca de las personas discapacitadas, y otro también único de carácter psicopedagógico y clínicogenético de las personas con retraso mental, encaminado a mejorar la calidad de vida y la integración social de estas personas.
Es en Cuba donde estudian 16 mil instructores de arte y donde 3,5 millones de personas participan en una Feria del Libro que funcionó en 30 sedes con la venta de millones de libros.
Es Cuba el país donde la televisión no es la caja de difusión de banalidades, comercialismo y violencia, sino potente instrumento de educación y cultura, que funciona como una Universidad para Todos.
Cerramos el año 2003 en mejor situación económica que el año anterior.
Entonces el turismo estaba estancado, y ahora crece con fuerza; la relación de intercambio era desfavorable prácticamente en todo nuestro comercio exterior, y ahora, aunque algunos productos, como el petróleo, mantienen muy altos precios, los del níquel se han elevado apreciablemente en los meses finales del año; la Tarea Alvaro Reynoso se encontraba en su más difícil período de arrancada, y ahora encuentra condiciones más favorables. No teníamos control de cambios, y ahora contamos con ese instrumento de control, racionalidad y freno a los excesos de la dolarización.
En el pasado año la producción agrícola estaba afectada por eventos meteorológicos dañinos, y en este año hay incrementos de importancia en cítricos, viandas, hortalizas, plátanos, frijoles, huevos y carne de cerdo. La agricultura urbana se ha consolidado como una experiencia de alto significado para la producción de alimentos sanos y la provisión de empleos productivos y socialmente muy útiles.
En 1993, la agricultura urbana apenas existía, y en el año que termina produce unos 3 millones 700 mil toneladas de alimentos y ofrece 326 mil empleos.
Es un ejemplo de trabajo perseverante, bien concebido, controlado y estimulado.
En el año 2003 el Presupuesto del Estado continuó desempeñando su papel en el funcionamiento de la actividad presupuestada se mantuvo dentro de los límites de déficit que fueron aprobados por la Asamblea Nacional, y tenemos además el enorme caudal de superación, cultura, integración social y solidaridad que emana de los programas sociales, y el activo invaluable que representa un pueblo más culto y pleno.
El próximo año 2004 presenta en lo económico un pronóstico de cierta recuperación de la economía mundial después de dos años de fuerte recesión en Estados Unidos. Son pronósticos que encierran alto margen de error, pues la recuperación en Estados Unidos está lejos de ser sólida. Ella ocurre en medio de los más formidables déficit comerciales, de cuenta corriente del balance de pago y fiscal de la historia de ese país. El desempleo en Estados Unidos se mantiene en 6 por ciento, y los déficit mencionados, acrecentados por el gasto militar creciente, pueden hacer abortar la recuperación, mientras que Europa mantiene su virtual estancamiento, y Japón, aunque creció después de más de una década de estancamiento crónico, no tiene un camino de recuperación claro.
En cualquier variante, el pronóstico sobre la coyuntura económica externa en que debemos desempeñarnos en el próximo año 2004, no es peor que el del año 2003.
El rasgo distintivo del próximo año que merece una atención redoblada es la creciente agresividad del gobierno de
Estados Unidos y sus amenazas contra Cuba.
Esta realidad nos impone a los cubanos, a la sociedad toda y a la economía incluida, la necesidad suprema de prepararnos elevando nuestra capacidad defensiva a tal punto que los haga desistir de su intención de borrar el ejemplo para ellos insoportable de la resistencia y el desarrollo cubanos, que como bofetada permanente los enfurece, y de derrotarlos si nos atacan.
La Comisión de Asuntos Económicos está convencida de que, al recomendar a la Asamblea Nacional la aprobación de los Lineamientos del Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado para el próximo año, estamos aprobando no sólo instrumentos para el desarrollo económico y social, sino instrumentos para colaborar a hacer inderrotable nuestra defensa y asegurar nuestro derecho a la vida, a la independencia, al socialismo.
Ni el gobierno que desde Estados Unidos pretende dominar este mundo ingobernable, ni sus aliados europeos que con torpeza y sumisión se alinearon contra Cuba, pueden intimidarnos.
Si en momentos de adversidad y pobreza suprema de medios Ignacio Agramonte fulminó a los que intentaban persuadirle a rendirse, diciéndoles que el arma con que contaba era la vergüenza de los cubanos, hoy contamos con la vergüenza y la moral que durante los últimos 50 años ha sembrado la Revolución Cubana y ha personificado el compañero Fidel. Pero ahora contamos además con armas de buen fuego para cada compatriota, y con el arma estratégica que es todo un pueblo culto, patriótico, preparado para exterminarlos y hacer que el polvo de nuestro suelo sea anegado por la sangre de los invasores.

Segundo Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la VI Legislatura.
23 de diciembre de 2003.
“Año de Gloriosos Aniversarios de Martí y del Moncada"

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